Cinco canciones sobre el tiempo

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La cuestión del tiempo ha sido siempre una materia central en los campos de la filosofía y del arte y, como no, de la música. La música está siempre determinada por el tiempo. Incluso esa pieza conceptual de John Cage que constaba sólo de silencios tenía un tiempo: 4,33.

Pero el tiempo para los humanos es mucho más que el resultado de la distancia entre la velocidad. El tiempo forma parte de todas nuestras experiencias. Y pasa de manera distinta ante lo bueno y ante lo malo.

  • The Times They Are A-Changin’ (Bob Dylan)

La vejez, la juventud. Los cambios generacionales. La evolución del pensamiento colectivo. La valentía y el miedo. El conocimiento y la ignorancia. Cuando se dice adiós también se habla de tiempo.

  • Time (Pink Floyd)

Tiempo es la palabra más usada. El hombre siempre anda pendiente de su reloj. Relojes solares, torres con relojes, o relojes de lógica cuántica. Todos miden los momentos. Segundos, minutos, horas o años. Estelas y estelas de tiempo.

  • Chronologie 4 (Jean Michel Jarre)

Planos, escenas, secuencias… el cine también representa por tiempos las acciones de las que somos partícipes u observadores y que pautan nuestra vida. Desde los orígenes hasta el final, pasando por distintos intervalos que suponen instantes vitales y únicos como el primer latido del corazón de un bebé.

  • El tiempo de la Revolución (Erik Truffaz Quartet)

La vida vista como una sucesión de revoluciones. Cambios de melodía sobre un mismo ritmo. Una mirada fijada en un horizonte que parece no tener fin, pero que, la mayoría de las veces incluso sin darse uno cuenta, se termina atravesando.

  • No time no space (Franco Battiato)

¿Qué es la ausencia de tiempo? Un estado permanente de quietud. El tiempo a nivel mental lo rige una sucesión de pensamientos, pero si alcanzamos un alto nivel contemplativo y eliminamos todo pensar, podremos sentir esa ausencia, ese cero, ese momento que nunca ha existido.

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Habitica, un juego para organizar tu vida

Andaba navegando por la PlayStore de mi Android en busca de algún RPG que se pudiera aplicar a la vida real. Estoy preparando unos exámenes y, al enterarme de la existencia de este tipo de apps, pensé que tal vez podrían ayudarme a hacer más ameno mi tiempo de estudio. Entre todas las aplicaciones que encontré pronto me di cuenta de que la que podía funcionar para mí era Habitica, también disponible en versión web, por su facilidad de uso, sus divertidas recompensas, su lado social (gracias al cual puedes compartir desafíos, trucos y consejos con otros usuarios) y su sencilla interfaz.

¿Qué es un RPG de tu vida?

Un RPG, o cómo sus propias siglas indican, Role Playing Game, es un tipo de juego en el que uno emula ser un personaje, aunque en este caso, el personaje eres tú mismo. En la mayoría de sistemas de juegos de rol, se van ganando puntos de experiencia y sumando puntos de habilidad a través de las distintas pruebas a las que uno se va enfrentando. En Habitica existe un sistema de recompensas con el que podrás customizar a tu avatar con distintos objetos para que luche contra un jefe. Además, una vez alcanzado el nivel 10 podrás decidir si convertirte en mago, guerrero, pícaro o sanador.

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¿Para qué puedo usar Habitica?

Esta app puede utilizarse para cumplir todas las clases de objetivos que pueda abarcar la imaginación, pues eres tú mismo el que los determina. Por poner algunos ejemplos:

  • Aprender a programar
  • Estudio intensivo
  • Leer más
  • Escribir
  • Escuchar un numéro concreto de discos por semana
  • Cocinar nuevas recetas
  • Organizar las tareas cotidianas
  • Hacer más ejercicio
  • Hacer dieta
  • Perseguir tus inquietudes artísticas

Es decir, depende de los objetivos que contemples en tu vida. Pero, ¡recuerda no abarcar demasiados! O pronto te entrarán ganas de desinstalar la aplicación.

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Para aquellos que no se decidan en qué objetivos seguir, la aplicación dispone de Gremios donde se pueden comunicar los usuarios adaptados a infinidad de intereses y muchas veces complementados con cursos o todo tipo de material, así como desafíos que podrás incorporar a tu lista de tareas diarias.

Las nuevas leyes de la robótica

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La palabra “robot” procede del checo robota, y fue utilizada por primera vez en la obra teatral Rossum’s Universal Robots sacada a la luz por Karel Čapek en 1920, aunque el término fue inventado por su hermano Josef. La palabra significa “servidumbre”, “mano de obra” y se aplicaba, en concreto, a los esclavos del Imperio Austrohúngaro.

Frente a la idea de que las máquinas puedan llegar a tomar sus propias decisiones se han planteado varias leyes o máximas a seguir para que la convivencia con los seres humanos sea lo más grata posible. El primero en idear el comportamiento por el que se deberían regir los robots fue Asimov, que aplicó sus tres leyes de la robótica en todos sus relatos de ciencia ficción. Pasado el tiempo, estas leyes, a través de una propuesta de la Unión Europea, se han tratado de modernizar y adaptar a unos tiempos en los que la Inteligencia Artificial y la robótica ya forman parte de nuestra vida cotidiana.

Las leyes de Asimov

A pesar de que Isaac Asimov regía a los personajes robóticos con estas normas de comportamiento en todas sus historias ficticias, no fue hasta 1942 que formuló (dentro del relato El círculo vicioso) sus conocidas leyes.

  1. Un robot no hará daño a un ser humano ni permitirá que este sufra daño por inacción
  2. Un robot obedecerá las órdenes de un ser humano siempre y cuando dicha orden no entre en conflicto con la primera ley
  3. Un robot debe protegerse a sí mismo siempre y cuando esto no entre en conflicto ni con la primera ni con la segunda ley

Llevadas a la práctica estas leyes han tenido sus fallos, creando dilemas éticos a los robots cuando, por ejemplo, eran dos personas a las que tenía que salvar a la vez, dejándolos paralizados en numerosas ocasiones.

Las leyes de la UE

Más adaptadas a la época contemporánea, desde la Unión Europea han presentado, en enero del presente año 2017 su propia propuesta de regulación de las relaciones entre humanos y máquinas. Ampliando y tratando de perfeccionar la propuesta de Asimov, los nueve principios por los que se regirían serían los siguientes:

  1. Proteger a los humanos del daño que pueda causar un robot, acorde al principio ético de dignidad humana que rige las normativas de todos los países comunitarios.
  2. Respetar el rechazo a ser cuidado por un robot, por parte, por ejemplo, de ancianos o personas discapacitadas.
  3. Proteger la libertad humana de cara a los robots, esto es, los robots deberán obedecer a los humanos y no al contrario, aunque esto pueda tener repercusiones en la salud o el bienestar de una persona, teniendo en cuenta las órdenes dadas sobre terceras personas (siempre acorde al primero de los principios), y la edad y capacidad de decisión del humano, entre otras variables.
  4. Proteger a la humanidad de la pérdida de privacidad que pudiera causar un robot: los robots de seguridad, los dedicados a la medicina o los robots de compañía tendrán acceso a información privada de las personas con las que traten y esta información deberá ser protegida, ya no sólo por parte del propio robot sino, también, de terceras personas que quieran tener acceso no autorizado a la misma.
  5. Gestionar la información personal que recopilen los robots. Dado que serán capaces de comunicarse resulta crucial poder manipular los datos, tanto técnicos como personales de manera rigurosa y sin que intercedan con el principio de privacidad de las personas.
  6. Proteger a la humanidad del riesgo de manipulación por parte de los robots, quienes podrán simular emociones y por lo tanto generar empatía en las personas a las que habrá que cuidar de establecer vínculos emocionales con seres que, por el momento, son incapaces de sentir.
  7. Evitar la disolución de vínculos sociales, en especial por parte de aquellos robots dedicados a la compañía y el cuidado, que no deberán aislar a la persona de su entorno, sino ayudarle a ser más independiente.
  8.  Acceso igualitario en los progresos en robótica, tanto para profesionales como para no profesionales en este campo. Accesos, como por ejemplo a los avances en medicina o en educación son necesarios para promover una sociedad igualitaria.
  9. Restringir el acceso a las tecnologías de mejora humana, como es el caso de los cyborgs puesto que esto podría suponer la desaparición del humano tal y como lo conocemos.

La era de la Inteligencia Artificial

3248217917_b81ed4dfdc_zComo ya vimos en el artículo sobre la automatización del trabajo, el desarrollo de la Inteligencia Artificial se encuentra en auge en las empresas del sector tecnológico y esto, no sólo tiene unas implicaciones a nivel económico sino también ético. Con el paso del tiempo, tal vez, la línea que separe al robot del humano se disipe cada vez más y su sentido original de la palabra “esclavo”, “siervo” quede a un lado para pasar a convertirse en “compañero”. Entonces, habrá que volver a replantearse las leyes éticas que los rijan y deberán parecerse o ser exactamente iguales a las de un humano cualquiera.

El misterio de los gatos

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Tumbada en mi lecho escribo esta entrada mientras un minino yace sobre mis pies. Hoy ya recibió su comida y su agua, y el lugar donde depone se encuentra limpio. El minino me lo agradece con su ternura, siempre y cuando no le incordie demasiado. Porque él puede restregarse lo que le apetezca sobre mi cara pero si soy yo quien le acaricia, pronto halla su límite y me termina atacando y yéndose a una esquina a limpiarse con avidez.

Dicen que los gatos fueron un regalo de los Dioses del antiguo Egipto a los humanos. Eso suena muy extraterrestre. ¿Son los gatos extraterrestres? ¿Habrá gatos en otros planetas? ¿Por qué son tan jodidamente encantadores? Si hasta Google creó una sofisticada IA que utilizaba su buscador emulando las búsquedas humanas ¡y en su mayoría se trataba de gatitos!

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Su poder de seducción no pasó desapercibido a literatos como Edgar Allan Poe, “El gato negro” , uno de sus cuentos más conocidos es un homenaje a esta curiosa especie. En su relato expresa tanto su cariño como su aversión a los mininos, que finalmente resultan ser más poderosos que él ante un carácter cada vez más violento. Y él mismo lo decía: “quisiera escribir algo tan misterioso como un gato”.

Asimismo, Baudelaire dedicó numerosos poemas a esta especie animal: “Adoptan al soñar las nobles actitudes de las grandes esfinges tendidas en el fondo de las soledades”. Y es que este poeta era un auténtico fanático de los mininos, al igual que Lewis Carroll quien los incluyó en sus libros más conocidos Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo, como objeto estético y nexo misterioso al resto de las historias que relataba.

No entiendo a la gente a la que no le gustan los gatos: “Yo soy más de perros”, se suele oír, como si fueran seres contrarios. Pero, ¿quién puede obviar su delicada belleza?, ¿su suavidad?, ¿sus penetrantes ojos?, ¿su carácter intransigente a la par que generoso? Vale que hay gatos feos, ásperos, tuertos y tontos. Pero son minoría. Y quien desprecia a esta hermosa criatura, seguramente no ha tenido una relación de confianza con ninguna. Ningún can (y estoy cayendo en mi propia falsa dicotomía) es tan leal como un gato cuando confía en ti y te quiere. Y se acurruca en tu regazo.

El minino me mira con sus ojos color ámbar. Parece que me hace una pregunta que yo no entiendo. Me apetece levantarme mas, aún ligero, ejerce de cepo sobre mis pies ¡me inmoviliza! Y es que hasta Mahoma se cortó una manga de su túnica para no perturbar a un gatito que dormía apaciblemente sobre ella.

Capitalismo: ¿cuándo parar?

Hay quien dice que el mundo está actualmente dominado por Los Estados Unidos de América. En un planeta donde países como Bután, donde prácticamente se acaba de implantar la televisión y sus opciones a elegir son en su mayoría canales estadounidenses, entre los que destaca la MTV (sí, Bután era el país más feliz del mundo), no podemos negar que culturalmente son un imperio bien arraigado.

Pero la invasión cultural no lo es todo, y cuando hablamos de globalización en términos económicos el sistema imperante se encuentra totalmente descentralizado. Hablamos, como el propio título indica, del capitalismo al que la RAE define como un “sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en la libertad de mercado”. Esta fría definición, llevada a la práctica, implica numerosas consecuencias que nos afectan a todos como sociedad y que no deberíamos banalizar si nos importa nuestra vida cotidiana, pues hasta el más mínimo detalle de la misma está sometido a sus dictámenes.

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Entre los defensores más aférrimos de este sistema económico nos encontramos al profesor Hans-Hermann Hoppe quien eleva el derecho a la propiedad y ve como una agresión la toma de propiedades sin contrato previo, esto es, el propio socialismo sería violento.

Las ideas del profesor no distan demasiado de las de destacados políticos como Henry Kissinger. El que fuera Secretario de Estado de Nixon y Ford no sólo llevó a la práctica estos ideales durante su labor diplomática a nivel internacional sino que utilizó, no exento de polémica, países de Sudamérica (como es el caso de Chile) como campo de pruebas. Según sus palabras “el comunismo es popular allí donde no ha sido implantado”.

Y es que el capitalismo no es una ideología falta de mentes intelectuales que la traten de sostener. Así, el nobel de literatura Mario Vargas Llosa llegó a decir al mismo papa Francisco que “el capitalismo es inseparable de la libertad y la democracia”, cuando éste se mostró contrario a esta teoría económica.

No obstante, existen numerosos puntos de vista contrarios al sistema actualmente implantado a nivel mundial, entre los que destaca el movimiento ecologista. La producción masiva resultado de la libertad de mercado tiene un coste en la naturaleza. Las grandes empresas tratan de escurrir el bulto con acciones puntuales a través de sus programas de Responsabilidad Social Corporativa, pero una realidad en la que lo que priman son los beneficios económicos resulta incompatible con la buena salud del planeta, tal y como han demostrado en numerosas ocasiones las organizaciones más comprometidas con el bienestar del ecosistema.

Naomi Klein, Noam Chomsky, Ulrich Beck o Michel Collon son pensadores contemporáneos que han estudiado profundamente el capitalismo, sacado a la luz sus lados más oscuros y lo que es más importante, ofrecido alternativas al mismo para crear un mundo más equitativo, ya que uno de los aspectos de esta doctrina es la desigualdad que genera la acumulación del capital. El famoso uno por ciento de privilegiados del que tanto se habla.

Muchos nos vemos como esclavos obligados a trabajar por cuenta ajena en beneficio de unos pocos, pero la riqueza, el desarrollo, se implanta en Occidente y eso también resulta un privilegio para nuestras sociedades. Y aún siendo víctimas no hay que olvidar que existen países, en su mayoría por debajo del ecuador, afectados por guerras, hambre, penurias, fábricas altamente contaminantes o trabajo insultantemente mal remunerado de cuyos resultados disfrutan y se lucran otros países (como es el ejemplo de niños en el McDonald’s disfrutando de los juguetes de sus Happy Meals fabricados por niños de países subdesarrollados).

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El fin del capitalismo

Por lo anteriormente expuesto, tal vez en las sociedades más desarrolladas sí que hemos llegado al punto en el que podemos conformarnos con las comodidades y pequeños lujos de los que disponemos. El nuevo modelo económico debe ir ligado a la realidad social. Tal y como vimos en el artículo de la automatización del trabajo, la desigualdad está aumentando irremediablemente con el auge de las máquinas. Debemos conformar un nuevo modelo social que no se base tan sólo en el trabajo, que reduzca las jornadas laborales, la burocracia innecesaria y que permita que hagamos más entre todos hasta llegar al punto en el que las palabras de Dios a Adán: “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente”, se vuelvan un mito.

La automatización del trabajo

Han sido muchos los inventos que han reducido la laboriosidad de ciertos trabajos: la rueda, el molino, la imprenta… El ser humano tiene la capacidad de transformar el medio para crear todo aquello que alcance su imaginación. De este modo, hemos conseguido, entre otras cosas, ahorrar tiempo y prescindir de personal automatizando el proceso a través de las máquinas.

Con la Revolución Industrial, llegó a occidente un inmenso decrecimiento de los trabajos manuales, una mejora en la producción que se vio acentuada por el perfeccionamiento en los sistemas de transporte. Sin embargo, esto también trajo consigo la creación de una nueva burguesía (la de los propietarios de los medios de producción) frente a la clase trabajadora, el proletariado. Por lo tanto la revolución no fue solo técnica, si no también social, hubo pues, un cambio en la estratificación social, llegaron las que hoy se conocen como “clases sociales”.

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Grace Hopper, una de las pioneras en el estudio de la computación.

Los ordenadores, y de su mano, Internet fueron otras grandes revoluciones en el mundo tecnológico. Internet supuso la capacidad de enviar información de un lado a otro del planeta a velocidad instantánea. Primero fue el telégrafo, luego el teléfono y finalmente con Internet, ya no solo se podían enviar datos en forma de texto o voz, sino también imágenes y vídeos. Por no hablar del hipertexto, y todas las posibilidades que nos brinda la navegación a través de vínculos. O de las bases de datos que sustituyeron a los apilados archivadores.

La Inteligencia Artificial

Actualmente, en diversas tiendas online, podemos encontrarnos con asistentes en línea, que son robots programados para resolver las dudas que pueda tener el cliente. Existen multitud de programas similares, como A.L.I.C.E o la aplicación para smartphones “Talking Tom”. Robots con los que puedes chatear como si fueran personas normales, aunque a veces te respondan alguna que otra incoherencia.

Sin embargo, lo que se está intentando lograr es un auténtico aprendizaje automático de las máquinas, que aprendan, como aprende un cerebro humano. Ya existen programas que componen canciones, por ejemplo, o que escriben poesía.

Ahora llega el momento en el que la ciencia ficción puede pasar a ser más auténtica que nunca, con la creación de robots humanoides, que tengan esa capacidad de aprendizaje, y no solo eso, también de sentir ciertas emociones imprescindibles para la supervivencia (como el miedo, el placer o el dolor).

Vistas, de manera resumida, todas las posibilidades que otorga el desarrollo tecnológico, nos queda llegar al meollo del asunto:¿qué hay del trabajo humano?, ¿existirá algún empleo que no sean capaces de desempeñar las máquinas? ¿cuál debe ser el sistema político y económico que debemos adoptar en esta transición? Porque si las máquinas disminuyen los costes y crece la producción, la tasa de desempleo irremediablemente aumenta y el capital se concentra en muy pocas personas. Es decir, aquello que a nivel social comenzó con la Revolución Industrial paulatinamente se va acrecentando y la desigualdad continúa en aumento.

En cuanto al trabajo cultural, periodístico, de investigación, artístico… siempre habrá mentes inquietas que deseen ocupar su tiempo en ello. Pero lo harían sin intereses de por medio, sin preocuparse por el “éxito comercial”, que pasaría a convertirse en un concepto obsoleto. Más que nada, porque en un mundo donde nadie trabaje por obligación, tampoco sería necesario el dinero. Las máquinas nos proporcionarían todo lo que precisáramos según nuestras necesidades.

Mientras reflexionamos sobre estas pesquisas os dejo con este vídeo, que imagina un mundo totalmente automatizado: “The last job on Earth”.

La ordeñadora de pensamientos

Corre el año 2029 y la evolución tecnológica ha convertido el mundo en una distopía. Los poderosos ya no lo ocultan: solo quieren dominarnos para satisfacer sus caprichos. Miles de científicos coaccionados, con la muerte eterna, con dolorosas descargas eléctricas en sus columnas vertebrales y un poderosísimo invento de control mental siguen trabajando para crear un planeta que ni George Orwell hubiera imaginado en las más tenebrosas de sus pesadillas. Un planeta en el que el funcionamiento del cerebro ya no es un secreto. En el que todos somos monotorizados y todos podemos resucitar una vez muertos gracias a esa monitorización y a la capacidad de crear seres humanos con cerebros computerizados, pero claro, siguiendo una serie de condiciones que nos convierten en esclavos. Las máximas: servir, sonreír y no protestar.

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Charlie ha sido el primer niño controlado desde su infancia. Nada más nacer fue trasladado a un orfanato y a “ellos” no les costó demasiado convencer a esas monjas para llevárselo a su laboratorio. Fue elegido al azar. Charlie siempre ha estado rodeado de cables, antenas y personas con batas blancas que observan unos monitores. Pero él no lo sabe porque lleva unas gafas opacas que no le dejan ver. A veces le inyectan, sabe Dios qué, con una jeringuilla sujeta con un brazo robótico y le hacen daño. Tampoco escucha pues le han enclaustrado en una cámara transparente con un material que aísla toda fuente de sonido.

Está totalmente atado. No le dejan moverse de su camilla, adaptada para que satisfaga todas sus necesidades básicas: sondas para la orina y para la alimentación; y un inodoro incorporado para las pocas ocasiones que evacúa sus heces.

Porque Charlie no es más que un experimento para saber cómo es vivir sin cultura, sin experiencia. Una persona sin ningún tipo de contacto con el mundo exterior, más que esos pinchazos que le hacen daño pero que nunca sabrá de dónde provienen.

¿En qué piensa Charlie? En el dolor. Y lo cuenta porque aunque no conozca el nombre de los números, los entiende. También es capaz de imaginarse formas geométricas simples. A veces llora y a veces sonríe. Y nadie sabe por qué si no conoce el afecto. Pasarán el resto de su vida tratando de averiguarlo.

Reflexiones sobre la tecnología y sus posibles usos. Cultura. Ciencia ficción.